Desaparecido nuestro Presidente y descansando el resto de socios guerreros tras las fiestas cumpleañeras celebradas estos días, he acudido en representación del Narro a los actos del 25 Aniversario del Estatuto de Autonomía que se han celebrado en el IFEME de Mérida.
No han faltado globos verdes blancos y negros, bufandas de aniversario, cantos y loas a la extremeñidad y actuaciones de Luís Pastor, Acetree y El Desván del Duende.
Os dejo un escrito de Luís Pastor leído por él durante el acto.
Yo vengo de un tiempo de cerezas
de la espiga del viento y de la hoz
mapa que retiene la memoria
como una fotografía en blanco y negro
Yo vengo de un tiempo que me nombra
con espada de madera y crucifijo
En la escuela se cantaba el cara al sol
y en la calle a Molina y Joselito.
Era el tiempo de ser niño
por la dulce voz, por el agudo grito
la calle una plaza abierta
la plaza un planeta unido
con calles a muchas puertas.
Casas de abuelos y de primos
Era el tiempo del caballo y de la yegua
de los cerdos, las gallinas y los nidos
y el huerto con todos sus manjares, olores y sabores
que mi padre labraba, artesano del surco.
Escultor del manzano y de la higuera.
Sabio en su oficio, dueño de la azada y la guadaña
gigante humano domando la tierra
Era el tiempo de la era y de la trilla.
Campanas y cigüeñas. Paraiso del pobre.
Pan y espigas
era el tiempo del trino y del jilguero
cantaor de coplas, ruiseñor de sueños.
Era el tiempo de la radio y de los rezos
de las tristes procesiones para muertos
de los muertos tan cercanos a la era
de los lobos y bandidos por la sierra.
Era el tiempo de los juegos en pandilla
de la compa, de la piedra,
del pinchete, de la pídola
Y el verano, como un año al sol entero
con siestas en la manta por el suelo.
Era el tiempo de la madre y sus caricias
de su dulce voz, de sus ojos dulces
de su tierna risa.
Del abuelo y su secreto de tristezaa
que ahogaba cada noche con vino de taberna
Era el tiempo de pana y los remiendos
del café de estraperlo,
de la sopa de tomate y de patata
del pecado que mata.
Del miedo, del castigo y del perdón,
era el tiempo de temer a Dios.