
Este era el truhán o gracioso que con sus palabras y acciones tenía por oficio hacer reir a los poderosos. Según algunos, se llamaban así porque entre las gracias usuales había una que consistía en llenar la boca de aire hinchando los carrillos y al recibir un manotazo a mano abierta lo expulsaba violentamente haciendo un ruido como un bufido.
Hoy en día, ya no dan bufidos sino berridos, besan los pies a las señoras de los poderosos, aunque a la mínima se venden al mejor postor, según para donde sople el viento.
Hoy en día, ya no dan bufidos sino berridos, besan los pies a las señoras de los poderosos, aunque a la mínima se venden al mejor postor, según para donde sople el viento.

