
Berreitor, como te has metido a refranero puñetero, te dejo unos cuantos dichos sobre fulleros, para que veas que a la sabiduría popular nada se le escapa, reflejando muchas estampas de tus timbas.
- A fullero viejo, flores nuevas.Hablando de flores, o sea, de trampas, nada mejor que las advertencias del Buscón de Quevedo para enmarcarlas a la entrada de tu garito:
- En la mesa y en el juego se conoce al caballero.
- El que juega limpio, limpio se vuelve a casa.
- A cartas vistas, no hay mal jugador.
- A ningún pillo se le quita la baraja.
- Ni santo sin estampa, ni juego sin trampa.
"No te fíes, hombre, en dar tú la baraja, que te la trocarán al despabilar de una vela; guarda el naipe de tocamientos, raspados o bruñidos, cosas con que se conocen los azares. Y por si fueras pícaro, le(c)tor, advierte que en las cocinas y caballerizas pican con un alfiler u doblan los azares para conocerlos por lo hendido. Si tratares con gente honrada, guárdate del naipe, que desde la estampa fue concebido en pecado, y que con traer atravesado el papel dice lo que viene. No te fies de naipe limpio, que el que da vista y retén, lo más jabonoso es sucio. Advierte que, a la carteta, el que hace los naipes, que no doble más arqueadas las figuras, fuera de los reyes, que las demás cartas, porque el tal doblar es por tu dinero, difunto. A la primera, mira no den de arriba las que descarta el que da y procura que no se pidan cartas u por los dedos en el naipe u por las primeras letras en las palabras."
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EL BURRO Y EL FLAUTISTA
Esta fabulilla, salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora por casualidad.
Cerca de unos prados que hay en mi lugar,
pasaba un borrico por casualidad.
Una flauta en ellos halló, que un zagal
se dejó olvidada por casualidad.
Acercóse a olerla el dicho animal,
y dio un resoplido por casualidad.
En la flauta el aire se hubo de colar,
y sonó la flauta por casualidad.
"iOh!", dijo el borrico,"¡qué bien sé tocar!
¡y dirán que es mala la música asnal!"
Sin regla del arte, borriquitos hay
que una vez aciertan por casualidad.
Tomas de Iriarte.
BERREITOR
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