sábado, 26 de julio de 2008

truhanes y fulleros: antecedentes del narro


A Berreitor y Angelo, con cariño y admiración naipera.

El Narro no se inventó ayer. Ya lo mencionaba Cervantes en el Quijote en la insula Barataria, que viene de barato (propina que el truhán ganador daba al mirón). Sancho Panza pretendía cerrar el garito y el escribano le contesta:

"Ésta, a lo menos, no la podrá vuesa merced quitar, porque la tiene un gran personaje, y más es, sin comparación, lo que él pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra otros garitos de menor cuantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño hacen y más insolencias encubren; que en las casas de los caballeros principales y de los señores no se atreven los famosos fulleros a usar de sus tretas; y pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común, mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial, donde cogen a un desdichado de media noche abajo y le desuellan vivo".

El manco de Lepanto dejó para la historia un truhán legendario: Cortadillo.

"Tome de mis alhajas lo que pude y las que me parecieron más necesarias, y entre ellas saqué estos naipes con los cuales he ganado mi vida por los mesones y ventas que hay desde Madrid aquí, jugando a las veintiuna; y aunque vuesa merced los vee tan astrosos y maltratados, usan de una maravillosa virtud con quien los entiene, que no alzará que no quede un as debajo; y su vuesa merced es versado en este juego, verá cuanta ventaja lleva el que sabe que tiene cierto un as a la primera carta, que le puede sservir de un punto y de once; que con esta ventaja, siendo la veintiuna envidada, el dinero se quesa en casa. Fuera de esto, aprendí de un cocinero de un cierto embajador ciertas tretas de quínolas y del parar, a quien también llaman el andaboba, que así como vuesa merced se puede examinar en el corte de sus antiparas, así puedo yo ser maestro en la ciencia vilhanesca."

Como veis, los truhanes, como ahora, aprendían el oficio en los fogones.

Y no os molestéis por nuestros ataques cuando os pillamos una treta de oficinas o despachitos, que os aplico el epitafio (toco madera) que Quevedo le dedicó a Góngora:




Yace aquí el capellán del Rey de Bastos,
que en Córdoba nació, murió en Barajas,



y en las Pintas le dieron sepultura.


Ordenado de quínolas estaba,


pues desde prima a nona las rezaba.


Sacerdote de Venus y de Baco,


caca en los versos y en Garito Caco.


La sotana traía


por sota, más que no por clerecía.


[...]


Clérigo, en fin, de devoción tan brava,


que en lugar de rezar brujuleaba;


tan hecho a tablajero el mentecato


que hasta su salvación metió a barato;


vivió en la ley del juego,


y murió en la del naipe loco y ciego,


y porque su talento conociesen,


en lugar de mandar que se dijesen


por él misas rezadas,


mandó que le dijesen las trocadas.

continuará, si os apetece

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Apartate de mi que pringo le dijo la sarten al cazo. Un saludo
BERREITOR

Bird dijo...

aramos, le dijo la mosca al buey, besos.
luego te dejo otro capitulo

Anónimo dijo...

Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos.
ACHUCHONES

BERREITOR

olé la grasia dijo...

olé entrada, aunque sólo sea por la labor de documentalistas. En cuanto al mensaje, estoy con el amigo berreitor, en su primer comentario. Besos desde Zahara