Nuestro colaborador e investigador emeritenwebseante, button lamb, tras sufrir un ataque de afrancesamiento después de conocer la ruina de Mérida por los partidarios del antiguo régimen.
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Anónimo
dijo...
MASONES Y AFRANCESADOS EN EXTREMADURA
La denominación “afrancesado” surgió en España cuando los ministros y la aristocracia juraron fidelidad al rey José I tras haber renunciado al trono Fernando VII y Carlos IV, presionados por Napoleón; y se hizo extensivo a todos aquellos españoles que, durante la ocupación francesa, colaboraron con la misma o con la Administración del rey José, ya fuese por interés personal o por la creencia de que el cambio de dinastía redundaría en la modernización de España. En general, su nivel de instrucción media era muy elevado: la gran mayoría de los afrancesados constituían la clase intelectual y pensante del país. Muchos de ellos participaron en la colaboración de la Constitución de Bayona de 1810 y un grupo era de ideas abiertamente revolucionarias, por lo que se les llamó jacobinos. Muchos de ellos, los más influyentes, participaron en logias masónicas bonapartistas, ejemplos tenemos en Extremadura de algún que otro intelectual acusado por la Inquisición por masón. Los afrancesados representaban, en muchos sentidos, una buena parte de la cultura y la inteligencia española de la época. Muchos de ellos fueron colaboradores por puro interés en alcanzar cargos dentro del reinado de José I. Otros muchos creían firmemente en las ideas liberadoras que aportaba la Revolución Francesa, y vieron una oportunidad para la caída del absolutismo. Conozcamos algunos de estos afrancesados que vivían por tierras de Extremadura, y que tuvieron que vérselas con la inquisición. Vamos a asistir a la persecución de un personaje entusiasta e incendiario. Un extremeño que desde su puesto de bibliotecario en las cortes de Cádiz, va hacer que sus obras y sobre todo El Diccionario Critico-Burlesco, sea un arma para luchar a favor de la libertad de expresión. Este ilustre personaje es D. Bartolomé José Gallardo, un verdadero Quijote luchando por los derechos más fundamentales del ser humano. Se enfrentó con los altos y grandes molinos de las altas esferas religiosas que pedían a gritos su preciada cabeza. Tuvo suerte de vivir en los años en que se va a poner fin a la Inquisición, esto frenó lo que hubiera sido una muerte segura. Pero hasta ese momento, 1834, todavía tuvo que sufrir una encarcelación de cuatro meses, por haber escrito tan denigrante diccionario para unos, y tan valiente canto a la libertad para otros. La Inquisición acusa a Gallardo de ser miembro de una logia francesa, que conspiraba contra los que buscaban la monarquía, y el conservar los valores tradicionales que la Iglesia enseñaba a base de represión y fuego. En el legajo 4499 del AHN, nos encontramos con la acusación de masonería contra este escritor de Campanario, y por el conjunto de sus libelos antirreligiosos, y según la Iglesia por haber creado los más perversos y subversivos libros que se habían escrito en ese momento. La obra de Gallardo se había extendido por toda la geografía nacional. Los tocados por el liberalismo leían el Diccionario con interés mientras, por otro lado, la Inquisición con su servicio de inteligencia particular, los perseguía. El Diccionario critico-burlesco iba a ser un detonante para que los seguidores de la Santa denunciasen a todo el que leyese el ejemplar. La prueba más firme de esta persecución la encontramos de nuevo en el legajo 4494 de la sección Inquisición expediente 41 del AHN, de donde entresacamos los siguientes datos. Un religioso amante de los escritos de Gallardo, fue excomulgado por poseer la tan “despreciable obra”. Este religioso era trinitario descalzo de la ciudad de Valencia. Fue denunciado por el padre Manuel Blas, secretario provincial de esta orden, el cual proponía a su Ilustrísima que: Un religioso de su orden, el padre Juan García no atendió ni hizo caso al edicto publicado de libros prohibido. Este religioso, se encargaba de recoger folletos y libros prohibidos, para su posterior quema. El denunciante dijo, que dicho religioso no quemaba todos los prohibidos, ya que en su poder estaba el infamante y abominable Diccionario Crítico-Burlesco de Gallardo. Este religioso fue excomulgado, y privado de todos sus oficios, de voz activa, pasiva y perpetua. Ante tal sentencia que el lector saque sus propias conclusiones. En el mismo legajo pero en el expediente 22, encontramos la siguiente delación hecha por D. Francisco Ecomura en su “Carta a la Inquisición de Corte, Octubre de 1918”: No por odio ni mala voluntad, sino para cumplir las disposiciones del Santo Tribunal y, descargo de mi conciencia hago la siguiente delación. Habrá como ocho meses, estaba empleado en la dirección de utensilios, casa y plaza del Duque de Alba en Madrid a cargo de D. Vicente de Beltrán de Lis. Su hijo D. José leyó en mi presencia algunas veces el Diccionario de Gallardo, burlándose de mis expresiones. Un día le dije seriamente se privara de ello, pues me comprometía, y desde entonces no volvió a hablar de él. A pocos días de esto, delataron a un amigo suyo que vive en la misma casa llamado Antonio González. Por conversaciones en el “Café de Levante” creyó D. José Beltrán que yo había sido el delator y me amenazó de darme de puñaladas si era yo. Consulté entonces a mí confesor si debía delatar dicho diccionario, quien atendiendo a las circunstancias de estar expuesto yo y mi familia, a una desgracia o cualquier atentado, y porque no se lograría el efecto de recoger dicho diccionario, pues negaría y perjuraría siempre que sabía de tal libro, fui de opinión de no hacer la delación, pero yo para libertarme del escrúpulo que me rodea, la hago ahora para que el Santo Tribunal tome las debidas precauciones en el particular para no exponerme, con un joven muy depravado y que desde luego se asegurará ser yo él delator, y no otro. El Inquisidor fiscal, se hizo cargo de la delación de D. Francisco Ecomura, y demás circunstancias que expone el comisario D. Joaquín Alvarello en el expediente contra D. José Beltrán de Lis por tener el Diccionario Crítico Burlesco. El comisionado del Tribunal, encargará al P. Fray Ventura religioso americano de la orden de San Francisco, recoja con la debida reserva, cautela y prudencia del poder del mencionado D. José Beltrán de Lis el Diccionario Critico Burlesco, “insinuándose amistosa y caritativamente con él, sobre este particular y ocultando que procede de orden de este Tribunal, a no ser que se vea precisado de ello”. Lo cierto es, que este lector de Gallardo no fue condenado porque no encontraron la obra. En todo caso se puede comprobar nuevamente que la iglesia inculcaba en la sociedad ese espíritu de delación, muy alejado del ideal de una iglesia madre y comprensiva. Por lo tanto el daño que se le hiciese a otra persona no era un pecado, sino todo lo contrario, era una virtud al servicio de la Santa Fe. Dejamos a D. Bartolomé José Gallardo, y nos vamos a la búsqueda de otros personajes condenados por afrancesado que estuvieron viviendo por Extremadura.
D. Benito Marca Liria que fue gobernador de Almagro fue ajusticiado por traición a su legítimo Rey y patria. Se declaró partidario de los más tenaces al gobierno intruso, desempeñando con inimitable actitud cuantos encargos puso a su cuidado, singularmente la gobernación de ésta ciudad, a cuyo vecindario irrogó incalculables males. Fue preso después por una de nuestras guerrillas, fue conducido a Badajoz donde oído en juicio fue sentenciado por nuestro gobierno a la pena ordinaria que allí se ejecutó.
D. Ramón Antonio Pico, residente en Casas de Don Pedro, actual contador de ésta provincia de la Mancha, sus encargos eran remitir pliegos a Badajoz y sujetar las partidas de guerrilla, por lo que tenía comunicación viva y perenne con el director de ella D. Antonio de Salinas vocal de la Junta Principal de Badajoz, que para mejor desempeño residía en Nuestra Señora de Guadalupe. Quién por sus secretas disposiciones con las tropas francesas, hizo que degollasen éstas al famoso Comandante de partida Orobio y a muchos de sus individuos, en el pueblo llamado la Conquista junto a Pozo Blanco. D. Antonio Salinas es coronel y reside hoy en el ejército de Aragón, tuvo inteligencia y gran influjo en la entrega de Badajoz a los franceses junto a D. Ramón Antonio Pico, esto lo sabe y lo podrá decir el administrador de la encomienda de la villa de Agudo. Año 1815.
Nuestro siguiente protagonista es D. José González Aceyjas, presbítero que en tiempo de los franceses éstos le titularon vicario apostólico en esta provincia, siendo sospechoso para la Inquisición de Llerena por hechos y proposiciones de francmasón, esto es lo que cuenta su expediente al respecto.
EL FISCAL DEL SANTO OFICIO DE LLERENA CONTRA JOSÉ GONZÁLEZ ACEYJAS, SOSPECHOSO DE FRANCMASONERÍA.
Tuvo principio de delación que hizo al tribunal de Llerena el 14 de noviembre de 1819 D. Manuel España familiar del Santo Oficio en Zafra en que dice; que en la invasión de los franceses se presentó con ellos en aquella villa D. José González Aceyjas, simulándose vicario apostólico cuyo usurpado empleo obtuvo por un sermón en el que predicaba al rey intruso a su entrada en Sevilla. Que por él manifiesta a cuanto castigo se hizo acreedor después de sus excesos contra la religión cristiana, dando consejos para que se casasen religiosos de ambos sexos usurpando la autoridad apostólica. Que sus consejos y celo apostólico han sido elevar a ministro mitral al tirano francés, llevando una vida licenciosa y pública con escándalo en sus alojamientos. Hacía llegar a términos que mi propia concubina le dijese que era un judío, infame y hereje según sus obras. Que entre varias disposiciones que dio en aquella parroquia, fue una de que de los libros de bautismo se borrasen las notas de familiares del Santo Oficio, y que se pusiere que estaba abolido. Quien podía dar noticia de los hechos era la madre superiora del convento de Regina Celi Zafra, Josefa Gómez de San José, y algunas de sus monjas quien le manifestó una maleta del reo, y de ella cogió algunos papeles y copió otros, con el fin de presentarlos algún día al Santo Oficio como lo hacía ahora. Entre estos papeles tenía un diseño o pintura de figura de pectoral, con una columna en su centro y encima un triangulo, a un lado un martillo, y al otro una figura como en media luna. También contenía la maleta una banda azul con unas letras de molde bordadas con hilo de plata. Que no dijese nada del pectoral y de la banda azul a las monjas de su convento, que todo ello era para formar en Badajoz una sociedad de la que él había de ser el capitán, y aquellas las armas, y que el reo se sentía orgulloso de ser francmasón. Todo lo cual entregó junto con otros papeles al familiar delator, quien lo remitió al tribunal con un edicto original firmado por el reo y mandado fijar por el en la puerta de la parroquia. Da las señas y dice que su empleo anterior era el de cura de Santa Ana en el arrabal de Triana en Sevilla, hasta que tomó parte con los franceses, y ha oído decir que se fue con ellos. Animaba a los religiosos y religiosas de Zafra a que dejasen el estado en el que estaba y se casasen, por que el estado sacro estaba derogado por el rey José I. A instancia fiscal, se pidió al tribunal de Sevilla noticia del paradero del reo, quien dice que fue cura de Santa Ana de aquella ciudad, y que tiene noticias de hallarse en Francia desde la retirada de los franceses; y que por varias espontáneas de francmasones recibidas en aquél, resulta que el dicho González Aceyjas estaba alistado en las logias que hubo en Sevilla llamada de la Reconciliación de Regnus, además de haber tenido fama de solicitante y mala doctrina. Sacado extracto de todo, le calificaron Fray José Maria Ramos y D. Lorenzo de Soria, el primero califica las proposiciones del reo de temerarias y escandalosas, injuriosas contra la santa sede, sospechosas de error y herejía, destructiva de la jerarquía eclesiástica, impías, sacrílegas, sospechosa de indiferentismo, ateas y sospechosa de materialismo, blasfemia heretical y sospechosas de masonismo. Una vez que el reo pueda ser habido, sea preso y se le embarguen sus bienes. La Inquisición una vez que Napoleón deja España 1814 vuelve a sus andadas, tiene un nuevo elemento que combatir que además se antoja escurridizo, la masonería. Los masones van a ser acusados de pertenecer a diferentes religiones, de profesar la libertad, razón por la que son perniciosos a la sociedad; de conspirar contra los soberanos y pretender destruir el trono y el altar. Nos encontraremos documentos donde la inquisición acusa a la impía filosofía de haber causado la monstruosa revolución francesa, filosofía compuesta de ateos, deístas, jansenistas, francmasones, que inspiraron a las gentes las mismas máximas de independencia, de libertad y de desobediencia a su legítimo soberano. Pasemos a conocer un documento muy ilustrativo de un personaje que al igual que el anterior va a ser condenado por Francmasón, los hechos suceden en Guadalupe y el acusado se llama Antonio Catalá.
EL FISCAL DE LLERENA CONTRA ANTONIO CATALÁ, CAPITAN O TENIENTE DE INFANTERIA POR PROPOSICIONES Y FRANCMASÓN VOTADO A PRISIÓN.
Por delación que hizo el padre Fr. Agustín de Castro y el hermano Ramón Martín Romo, en el monasterio de Guadalupe. Examinado Fray Martín Jiménez, presbítero profeso en dicho monasterio, dijo que oyó al dicho militar que estaba en el monasterio acompañado por D. José Becerra, oficial también y hermano de Fray José de la fuente. El dicho Catalá dijo, que no le entraba esto de que un hombre tuviese que decir sus pecados a otro hombre como él, ni creía que la virgen hubiese de hacer milagros para impedir que le quitasen la ropa interior, diciendo que se la entregasen a él y verían como la desnudo, manifestando que se reía de los milagros. Que lo mismo decía de los mandamientos de la Iglesia, asegurando que no obligaban. Daba pruebas clara de que no tenía religión alguna, decía que Jesucristo fue un puro hombre fundador de la religión Católica, así como Mahoma o Calvino crearon las suyas. Fray José de la fuente dijo que en su celda le había manifestado que era francmasón, y que en Francia recibido el grado de Doctor en esta secta, en virtud de lo cual había recibido un sujeto en la masonería y añade; que hablando en tono burlesco de la confesión, le dijo a el padre La Fuente, que le gustaría ser confesor porque en los confesionarios uno se puede aprovechar de las mujeres. Comenta el padre La Fuente, que al sumo pontífice le tenía un odio jurado, pero sobre todo al Santo Oficio, que era de la opinión que no había ni infierno ni gloria, con estas informaciones se calificaron las mismas diciendo el Tribunal de Llerena, que en lo objetivo el reo es sospechoso de vehementi, apostata, hereje formal, escandaloso, blasfemo heretical, obsceno, injurioso al Santo Oficio a quién denigra, impío y perjuro; hereje formal materialista, cismático y francmasón. Sea en carcelado con hábito de prisión. Llerena…abril 1819.
La Inquisición todavía no extinguida, seguía crucificando y coronando de espinas como en todo su anterior periplo, a todos aquellos que libremente pensaban de forma diferente a la impuesta a golpe de terror. Así pues, frente a la ignorancia, el error, la Intolerancia, el fanatismo y la superstición, el masón se presenta como el portador y portavoz de la razón y la sabiduría, la ilustración y el progreso en artes y ciencias, la tolerancia y la igualdad civil, la fraternidad y la beneficencia. En una palabra, en la virtud, piedra angular en la que reposaba su felicidad y la de la patria. Todo ello en torno a un rey ilustrado, alumno de la filosofía y protector de la luz, y de un emperador filósofo –el gran Napoleón- sobre el cual descansaba los designios de Europa. Vallamos a la búsqueda de nuevos masones por Extremadura, nuestro siguiente defensor de la verdad filosófica es natural de Alicante, aunque reside en Badajoz, su nombre es Simón Lafora de 26 años de edad, capitán agregado a los regimientos de Asturias y Galicia, y esto es lo que dice su expediente inquisitorial.
EL FISCAL DE LLERENA CONTRA DOMINGO ESCANDON POR FRANCMASON.
Tuvo principio por causa que el Inquisidor Rivero escribió al de Llerena noticiándole: que presidiendo la Junta Provincial que gobernaba aquel país durante la revolución, se formó causa y mandó prender a D. Domingo Escandón por delitos de Francmasón, dándose comisión para ello a D. Vicente Cavero, ministro de la Audiencia Territorial. Éste ministro le aprendió al dicho reo papeles, y entre ellos el titulo original de su masonería, cuyo expediente debe encontrarse en Badajoz en el oficio de Policía; lo que ponía en noticia del tribunal de Llerena para su inteligencia y gobierno. Resulta de dicho expediente que por orden del capitán General de Extremadura, le estaba siguiendo causa al reo por el oidor de aquella audiencia D. Vicente García Cavero, a quién había remitido la junta de Villanueva de la Serena, en compañía de una mujer llamada Elena Terri, y que ambos estaban presos por las sospechas que caracterizan al reo de mal vasallo de la nación española y amante de la francesa. Esto lo acreditan ciertos papeles que se le han encontrado, siendo uno de ellos un titulo en pergamino escrito en idioma francés, cuya traducción se pone a continuación. -Domingo Escandón, natural de Cádiz en España, de 30 años de edad posee el tercer grado simbólico, y que su celo y la pureza de sus costumbres le han hecho amar a todos; cuyo certificado se le da, y para que no pueda servir a otro, se han hecho poner al margen ne varietur hecha en Cádiz el 18 del 10 de 1805. Que corresponde al 27 primario del año 14.- el sello que contiene el pergamino, tiene un rotulo que dice “Logia de los Hijos de Napoleón”. En vista de su declaración y reconocimiento, la junta proveyó para que el reo, la mujer y el criado que iban en su compañía, así como sus efectos y papeles se remitiesen a la Suprema junta de Badajoz, como se verificó firmando el reo el inventario de todo. Continuando ya en Badajoz, se volvió a reenviar declaración por el juez comisionado D. Vicente García Cavero, en la que reconoció por suya la que él dio ante la Junta de Villanueva de La Serena; y preguntado que clase de papel era el escrito en pergamino, y reconocido por él en dicha declaración dijo ser, una carta de hermandad, conferida a su favor, cuya hermandad ignora: se le puso de manifiesto, y reconoció por suya la firma que en ella se encuentra: se le pregunto que significaba la expresión de ne varietur; y dijo que por ella entiende que no ha de variar su firma, bajo de cuyo concepto puso la suya. Que dicha carta se la franqueó como tiempo de tres años, un francés de cuyo nombre y apellido no se acuerda, solo que estaba ocupado en la contaduría de un navío francés. El tal señor del navío era Francmasón, y decía que todos los que tenían esta cualidad, tenían buena moral, eran generosos y caritativos; y que con dicha carta presentándose en las asambleas de francmasones en los países extranjeros, se le auxiliaba sus necesidades; y dicho francés le entregó al mismo tiempo los papeles que ha reconocido. Preguntado que entendía por francmasón, dijo que según le había explicado el francés, entendía ser unos hombres de buena moral, virtuosos y caritativos. Preguntado si sabe que está prohibida en España la masonería, respondió que después de haberle recogido la justicia la dicha carta, entendió hallarse prohibida el traerla consigo. También se le acusa de haber leído el Diccionario Critico Burlesco, haciendo del mismo mil elogios, y que conocía al autor que era según él reo un hombre sabio. Se le recibió su confesión con cargos, en la cual se remitió en todo a lo respondido en la declaración indagatoria. El promotor fiscal pidió se practicase nueva confesión con nuevos cargos, pero habiendo ocurrido entre tanto en Badajoz una conmoción popular el 16 de diciembre de 1808, Domingo Escandón fue puesto en libertad, por lo que el fiscal de la causa proveyó auto en 9 de agosto del año 1809, ignorándose su paradero. El fiscal de Llerena pidió y así se mando, que se sacase extracto y se pusiese en calificación, dictaminando de escandalosa, impías, blasfemas, fautoras del ateismo, y afirmaciones injuriosa al Santo Padre. De ser un francmasón temerario, escandaloso, ofensivo, cismático, codicioso, e injurioso. El fiscal del tribunal le puso la sentencia, diciendo que una vez que fuese habido, se le detenga y se lleve al tribunal del distrito en que se encuentre para seguir juicio.
La Inquisición no iba a dar tregua a los masones, su misión era destruir como ya lo venía haciendo desde hacia siglos, todas las ideas que fueran contrarias a la fe. Lo cierto es, que siempre hubo opositores a la Iglesia Católica por su forma de interpretar la Biblia, los eruditos no podían entender que en nombre de Dios se quemase en la hoguera precisamente a los hijos de Éste. Que se le quitasen sus haciendas, que se le hiciera sufrir de una forma cruel e inhumana para conseguir un objetivo claro y contundente, destruir la razón y con ello la verdad, y la libertad. La Inquisición tenía que crucificar y coronar de espina la cultura, los únicos libros viables y leíbles los suyos, el resto eran pervertidos, malvados y peligrosos a la religión y el Estado. Filosofía que había que abortar, porque esta encerraba el veneno de la doctrina que hablaba de libertad, independencia, igualdad, tolerancia, ideas que estaban inundando España con las perversas doctrinas que trastornaban el orden público, y la santidad de la única verdadera Religión Católica, Apostólica y Romana. Acerquémonos a conocer la historia de nuestro siguiente protagonista.
EL INQUISIDOR FISCAL CONTRA SIMÓN LAFORA RESIDENTE EN BADAJOZ.
Se supone que este reo a 12 de agosto de 1747, encontrándose en la ciudad de Valencia, y siendo de 22 años, se delató espontáneamente de haber entrado en la sociedad de los francmasones por el mes de abril de 1749, nombró en su declaración a muchos cómplices, y refirió varias ceremonias que había practicado. También éste reo tuvo problemas con la Inquisición en Santiago por sus correrías con la masonería por aquellas tierras gallegas, detestaba las imágenes de santos y no oía nunca misa. En una disputa con la mujer de un marqués sobre la secta de los francmasones, dijo Simón la Fora que no era una secta, ni se oponía a nuestra santa fe, sino que era como una confraternidad privada, que en ella se podía vivir alegremente en cualquier parte. Una vez que el regimiento del reo se asentó en Badajoz, pidió se remitiese al tribunal de Llerena, y en efecto se remitió con carta de 17 de dicho mes de 1800. Se envió por este tribunal al familiar de Badajoz, el día 3 de diciembre afín de que con todo recato averiguase la vida de dicho reo en esta provincia extremeña, y que antes que se le juzgue por pertenecer alguna secta de los francmasones, se le oyese ahora de forma espontánea, estando dispuesto a detestarla, no deba gozar el reo a pesar de su arrepentimiento de indulto.
Como hemos podido comprobar en el desarrollo de este capitulo dedicado a los francmasones, la Iglesia intentaba por todos los medios acogotar las ideas de progreso y libertad de éstos personajes. Los masones en toda su historia pretendían buscar la fraternidad, mientras que los poderes reales y la Iglesia deseaban mantener dictaduras, sumisión, ignorancia y desigualdad. Desde el vaticano el Papa Clemente XII con su bula papal contra la masonería en 1738, donde pone de manifiesto la declaración de guerra contra esta filosofía, y empezar a crear una leyenda negra contra los masones como si éstos fueran el mismo demonio en la tierra, hasta los posteriores edictos de fe lanzados desde los pulpitos, para acrecentar la dicha leyenda y hacerla real, la imagen de los masones se torno abominable despreciable a los ojos del orbe católico. Históricamente, la masonería española se desarrollo y creció con un notable espíritu de clandestinidad, patrocinado, sin duda, por la necesidad y voluntad de sus miembros de asomarse al mundo con otros ojos y desde otras perspectivas-algo considerado como un grave delito a la luz de la visión totalitaria que ha gobernado Occidente hasta hace escasas décadas-; fue preciso, por tanto adoptar precauciones, señales secretas de identidad, camaraderías estrechas y conductas discretas. El 15 de Julio de 1834, la regente Maria Cristina abolió definitivamente el Tribunal de la Inquisición. Un decreto de la Regencia ordenaba que “todos los cuadros, pinturas o inscripciones en que están consignados los castigos y penas impuestos por la Inquisición, que existan en las iglesias, claustros y conventos, o en otro cualquier paraje público de la monarquía, serán borrados y quitados de los respectivos lugares en que se hallen colocados y destruidos en el perentorio termino de tres días contados desde que se reciba la notificación. Y extinguida definitivamente la Santa Inquisición”. La defensa de la tolerancia como valor irrenunciable motivó, obviamente, que la Iglesia Católica, armada con su intolerante eslogan de (Fuera de la Iglesia no hay salvación), lleve unos 250 años atacando con todas sus fuerzas a los masones. La prueba más evidente de esta realidad la protagonizo el actual Papa, cuando aun siendo Cardenal Prefecto y con el apoyo de Juan Pablo II hizo la siguiente declaración.
DECLARACIÓN QUASITUM EST SOBRE LA MASONERÍA DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE (1983)
Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el código anterior. Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias. Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión. No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981 (cf. AAS 73, 1981, págs. 230-241; LA Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 8 de marzo de 1981, pág. 4). El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al cardenal Prefecto abajo firmante, ha aprobado esta Declaración, decidida en la reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y ha mandado que se publique. Roma, en la sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 26 de noviembre de 1983.
Cardenal Joseph RATZINGER Prefecto
Espero que este trabajo sirva para reconocer las barbaridades monstruosas, que se han acometido a lo largo de la historia en nombre de Dios, todos los personajes de este trabajo sufrieron la infernal pesadilla la bestia vaticana. Judaizantes, moriscos, luteranos, francmasones, todos tenían una meta común, vivir tranquilamente su filosofía de vida. Pero las zarpas de la bestia iban a desgarrar y esquilmar, los cuerpos y almas de muchos ciudadanos españoles. Todos sabemos que la caspa, cuando se instala en nuestras cabezas, es difícil de erradicar, venimos de un pasado casposo y todos los herejes quedaron en el subconsciente colectivo como los depredadores lo idearon, como alimañas a destruir. Que este articulo sirva como homenaje, a todas las personas que se las tuvieron que ver frente a frente con los seguidores de Barrabas, y ala vez sea un canto al aire que haga mover en las más altas montañas del mundo las banderas de la tolerancia, la fraternidad, el respeto, la justicia, la igualdad, valores que van ceñidos y adheridos al más importante de todos la libertad de expresión y pensamiento.
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MASONES Y AFRANCESADOS EN EXTREMADURA
La denominación “afrancesado” surgió en España cuando los ministros y la aristocracia juraron fidelidad al rey José I tras haber renunciado al trono Fernando VII y Carlos IV, presionados por Napoleón; y se hizo extensivo a todos aquellos españoles que, durante la ocupación francesa, colaboraron con la misma o con la Administración del rey José, ya fuese por interés personal o por la creencia de que el cambio de dinastía redundaría en la modernización de España.
En general, su nivel de instrucción media era muy elevado: la gran mayoría de los afrancesados constituían la clase intelectual y pensante del país. Muchos de ellos participaron en la colaboración de la Constitución de Bayona de 1810 y un grupo era de ideas abiertamente revolucionarias, por lo que se les llamó jacobinos. Muchos de ellos, los más influyentes, participaron en logias masónicas bonapartistas, ejemplos tenemos en Extremadura de algún que otro intelectual acusado por la Inquisición por masón.
Los afrancesados representaban, en muchos sentidos, una buena parte de la cultura y la inteligencia española de la época. Muchos de ellos fueron colaboradores por puro interés en alcanzar cargos dentro del reinado de José I. Otros muchos creían firmemente en las ideas liberadoras que aportaba la Revolución Francesa, y vieron una oportunidad para la caída del absolutismo. Conozcamos algunos de estos afrancesados que vivían por tierras de Extremadura, y que tuvieron que vérselas con la inquisición.
Vamos a asistir a la persecución de un personaje entusiasta e incendiario. Un extremeño que desde su puesto de bibliotecario en las cortes de Cádiz, va hacer que sus obras y sobre todo El Diccionario Critico-Burlesco, sea un arma para luchar a favor de la libertad de expresión. Este ilustre personaje es D. Bartolomé José Gallardo, un verdadero Quijote luchando por los derechos más fundamentales del ser humano.
Se enfrentó con los altos y grandes molinos de las altas esferas religiosas que pedían a gritos su preciada cabeza. Tuvo suerte de vivir en los años en que se va a poner fin a la Inquisición, esto frenó lo que hubiera sido una muerte segura. Pero hasta ese momento, 1834, todavía tuvo que sufrir una encarcelación de cuatro meses, por haber escrito tan denigrante diccionario para unos, y tan valiente canto a la libertad para otros. La Inquisición acusa a Gallardo de ser miembro de una logia francesa, que conspiraba contra los que buscaban la monarquía, y el conservar los valores tradicionales que la Iglesia enseñaba a base de represión y fuego. En el legajo 4499 del AHN, nos encontramos con la acusación de masonería contra este escritor de Campanario, y por el conjunto de sus libelos antirreligiosos, y según la Iglesia por haber creado los más perversos y subversivos libros que se habían escrito en ese momento.
La obra de Gallardo se había extendido por toda la geografía nacional. Los tocados por el liberalismo leían el Diccionario con interés mientras, por otro lado, la Inquisición con su servicio de inteligencia particular, los perseguía. El Diccionario critico-burlesco iba a ser un detonante para que los seguidores de la Santa denunciasen a todo el que leyese el ejemplar. La prueba más firme de esta persecución la encontramos de nuevo en el legajo 4494 de la sección Inquisición expediente 41 del AHN, de donde entresacamos los siguientes datos.
Un religioso amante de los escritos de Gallardo, fue excomulgado por poseer la tan “despreciable obra”. Este religioso era trinitario descalzo de la ciudad de Valencia. Fue denunciado por el padre Manuel Blas, secretario provincial de esta orden, el cual proponía a su Ilustrísima que: Un religioso de su orden, el padre Juan García no atendió ni hizo caso al edicto publicado de libros prohibido. Este religioso, se encargaba de recoger folletos y libros prohibidos, para su posterior quema. El denunciante dijo, que dicho religioso no quemaba todos los prohibidos, ya que en su poder estaba el infamante y abominable Diccionario Crítico-Burlesco de Gallardo. Este religioso fue excomulgado, y privado de todos sus oficios, de voz activa, pasiva y perpetua. Ante tal sentencia que el lector saque sus propias conclusiones.
En el mismo legajo pero en el expediente 22, encontramos la siguiente delación hecha por D. Francisco Ecomura en su “Carta a la Inquisición de Corte, Octubre de 1918”:
No por odio ni mala voluntad, sino para cumplir las disposiciones del Santo Tribunal y, descargo de mi conciencia hago la siguiente delación.
Habrá como ocho meses, estaba empleado en la dirección de utensilios, casa y plaza del Duque de Alba en Madrid a cargo de D. Vicente de Beltrán de Lis. Su hijo D. José leyó en mi presencia algunas veces el Diccionario de Gallardo, burlándose de mis expresiones. Un día le dije seriamente se privara de ello, pues me comprometía, y desde entonces no volvió a hablar de él.
A pocos días de esto, delataron a un amigo suyo que vive en la misma casa llamado Antonio González. Por conversaciones en el “Café de Levante” creyó D. José Beltrán que yo había sido el delator y me amenazó de darme de puñaladas si era yo. Consulté entonces a mí confesor si debía delatar dicho diccionario, quien atendiendo a las circunstancias de estar expuesto yo y mi familia, a una desgracia o cualquier atentado, y porque no se lograría el efecto de recoger dicho diccionario, pues negaría y perjuraría siempre que sabía de tal libro, fui de opinión de no hacer la delación, pero yo para libertarme del escrúpulo que me rodea, la hago ahora para que el Santo Tribunal tome las debidas precauciones en el particular para no exponerme, con un joven muy depravado y que desde luego se asegurará ser yo él delator, y no otro.
El Inquisidor fiscal, se hizo cargo de la delación de D. Francisco Ecomura, y demás circunstancias que expone el comisario D. Joaquín Alvarello en el expediente contra D. José Beltrán de Lis por tener el Diccionario Crítico Burlesco.
El comisionado del Tribunal, encargará al P. Fray Ventura religioso americano de la orden de San Francisco, recoja con la debida reserva, cautela y prudencia del poder del mencionado D. José Beltrán de Lis el Diccionario Critico Burlesco, “insinuándose amistosa y caritativamente con él, sobre este particular y ocultando que procede de orden de este Tribunal, a no ser que se vea precisado de ello”.
Lo cierto es, que este lector de Gallardo no fue condenado porque no encontraron la obra. En todo caso se puede comprobar nuevamente que la iglesia inculcaba en la sociedad ese espíritu de delación, muy alejado del ideal de una iglesia madre y comprensiva. Por lo tanto el daño que se le hiciese a otra persona no era un pecado, sino todo lo contrario, era una virtud al servicio de la Santa Fe.
Dejamos a D. Bartolomé José Gallardo, y nos vamos a la búsqueda de otros personajes condenados por afrancesado que estuvieron viviendo por Extremadura.
D. Benito Marca Liria que fue gobernador de Almagro fue ajusticiado por traición a su legítimo Rey y patria. Se declaró partidario de los más tenaces al gobierno intruso, desempeñando con inimitable actitud cuantos encargos puso a su cuidado, singularmente la gobernación de ésta ciudad, a cuyo vecindario irrogó incalculables males. Fue preso después por una de nuestras guerrillas, fue conducido a Badajoz donde oído en juicio fue sentenciado por nuestro gobierno a la pena ordinaria que allí se ejecutó.
D. Ramón Antonio Pico, residente en Casas de Don Pedro, actual contador de ésta provincia de la Mancha, sus encargos eran remitir pliegos a Badajoz y sujetar las partidas de guerrilla, por lo que tenía comunicación viva y perenne con el director de ella D. Antonio de Salinas vocal de la Junta Principal de Badajoz, que para mejor desempeño residía en Nuestra Señora de Guadalupe. Quién por sus secretas disposiciones con las tropas francesas, hizo que degollasen éstas al famoso Comandante de partida Orobio y a muchos de sus individuos, en el pueblo llamado la Conquista junto a Pozo Blanco. D. Antonio Salinas es coronel y reside hoy en el ejército de Aragón, tuvo inteligencia y gran influjo en la entrega de Badajoz a los franceses junto a D. Ramón Antonio Pico, esto lo sabe y lo podrá decir el administrador de la encomienda de la villa de Agudo. Año 1815.
Nuestro siguiente protagonista es D. José González Aceyjas, presbítero que en tiempo de los franceses éstos le titularon vicario apostólico en esta provincia, siendo sospechoso para la Inquisición de Llerena por hechos y proposiciones de francmasón, esto es lo que cuenta su expediente al respecto.
EL FISCAL DEL SANTO OFICIO DE LLERENA CONTRA JOSÉ GONZÁLEZ ACEYJAS, SOSPECHOSO DE FRANCMASONERÍA.
Tuvo principio de delación que hizo al tribunal de Llerena el 14 de noviembre de 1819 D. Manuel España familiar del Santo Oficio en Zafra en que dice; que en la invasión de los franceses se presentó con ellos en aquella villa D. José González Aceyjas, simulándose vicario apostólico cuyo usurpado empleo obtuvo por un sermón en el que predicaba al rey intruso a su entrada en Sevilla. Que por él manifiesta a cuanto castigo se hizo acreedor después de sus excesos contra la religión cristiana, dando consejos para que se casasen religiosos de ambos sexos usurpando la autoridad apostólica. Que sus consejos y celo apostólico han sido elevar a ministro mitral al tirano francés, llevando una vida licenciosa y pública con escándalo en sus alojamientos. Hacía llegar a términos que mi propia concubina le dijese que era un judío, infame y hereje según sus obras. Que entre varias disposiciones que dio en aquella parroquia, fue una de que de los libros de bautismo se borrasen las notas de familiares del Santo Oficio, y que se pusiere que estaba abolido.
Quien podía dar noticia de los hechos era la madre superiora del convento de Regina Celi Zafra, Josefa Gómez de San José, y algunas de sus monjas quien le manifestó una maleta del reo, y de ella cogió algunos papeles y copió otros, con el fin de presentarlos algún día al Santo Oficio como lo hacía ahora. Entre estos papeles tenía un diseño o pintura de figura de pectoral, con una columna en su centro y encima un triangulo, a un lado un martillo, y al otro una figura como en media luna. También contenía la maleta una banda azul con unas letras de molde bordadas con hilo de plata. Que no dijese nada del pectoral y de la banda azul a las monjas de su convento, que todo ello era para formar en Badajoz una sociedad de la que él había de ser el capitán, y aquellas las armas, y que el reo se sentía orgulloso de ser francmasón. Todo lo cual entregó junto con otros papeles al familiar delator, quien lo remitió al tribunal con un edicto original firmado por el reo y mandado fijar por el en la puerta de la parroquia. Da las señas y dice que su empleo anterior era el de cura de Santa Ana en el arrabal de Triana en Sevilla, hasta que tomó parte con los franceses, y ha oído decir que se fue con ellos. Animaba a los religiosos y religiosas de Zafra a que dejasen el estado en el que estaba y se casasen, por que el estado sacro estaba derogado por el rey José I.
A instancia fiscal, se pidió al tribunal de Sevilla noticia del paradero del reo, quien dice que fue cura de Santa Ana de aquella ciudad, y que tiene noticias de hallarse en Francia desde la retirada de los franceses; y que por varias espontáneas de francmasones recibidas en aquél, resulta que el dicho González Aceyjas estaba alistado en las logias que hubo en Sevilla llamada de la Reconciliación de Regnus, además de haber tenido fama de solicitante y mala doctrina.
Sacado extracto de todo, le calificaron Fray José Maria Ramos y D. Lorenzo de Soria, el primero califica las proposiciones del reo de temerarias y escandalosas, injuriosas contra la santa sede, sospechosas de error y herejía, destructiva de la jerarquía eclesiástica, impías, sacrílegas, sospechosa de indiferentismo, ateas y sospechosa de materialismo, blasfemia heretical y sospechosas de masonismo. Una vez que el reo pueda ser habido, sea preso y se le embarguen sus bienes.
La Inquisición una vez que Napoleón deja España 1814 vuelve a sus andadas, tiene un nuevo elemento que combatir que además se antoja escurridizo, la masonería. Los masones van a ser acusados de pertenecer a diferentes religiones, de profesar la libertad, razón por la que son perniciosos a la sociedad; de conspirar contra los soberanos y pretender destruir el trono y el altar. Nos encontraremos documentos donde la inquisición acusa a la impía filosofía de haber causado la monstruosa revolución francesa, filosofía compuesta de ateos, deístas, jansenistas, francmasones, que inspiraron a las gentes las mismas máximas de independencia, de libertad y de desobediencia a su legítimo soberano. Pasemos a conocer un documento muy ilustrativo de un personaje que al igual que el anterior va a ser condenado por Francmasón, los hechos suceden en Guadalupe y el acusado se llama Antonio Catalá.
EL FISCAL DE LLERENA CONTRA ANTONIO CATALÁ, CAPITAN O TENIENTE DE INFANTERIA POR PROPOSICIONES Y FRANCMASÓN VOTADO A PRISIÓN.
Por delación que hizo el padre Fr. Agustín de Castro y el hermano Ramón Martín Romo, en el monasterio de Guadalupe. Examinado Fray Martín Jiménez, presbítero profeso en dicho monasterio, dijo que oyó al dicho militar que estaba en el monasterio acompañado por D. José Becerra, oficial también y hermano de Fray José de la fuente. El dicho Catalá dijo, que no le entraba esto de que un hombre tuviese que decir sus pecados a otro hombre como él, ni creía que la virgen hubiese de hacer milagros para impedir que le quitasen la ropa interior, diciendo que se la entregasen a él y verían como la desnudo, manifestando que se reía de los milagros. Que lo mismo decía de los mandamientos de la Iglesia, asegurando que no obligaban. Daba pruebas clara de que no tenía religión alguna, decía que Jesucristo fue un puro hombre fundador de la religión Católica, así como Mahoma o Calvino crearon las suyas.
Fray José de la fuente dijo que en su celda le había manifestado que era francmasón, y que en Francia recibido el grado de Doctor en esta secta, en virtud de lo cual había recibido un sujeto en la masonería y añade; que hablando en tono burlesco de la confesión, le dijo a el padre La Fuente, que le gustaría ser confesor porque en los confesionarios uno se puede aprovechar de las mujeres. Comenta el padre La Fuente, que al sumo pontífice le tenía un odio jurado, pero sobre todo al Santo Oficio, que era de la opinión que no había ni infierno ni gloria, con estas informaciones se calificaron las mismas diciendo el Tribunal de Llerena, que en lo objetivo el reo es sospechoso de vehementi, apostata, hereje formal, escandaloso, blasfemo heretical, obsceno, injurioso al Santo Oficio a quién denigra, impío y perjuro; hereje formal materialista, cismático y francmasón. Sea en carcelado con hábito de prisión.
Llerena…abril 1819.
La Inquisición todavía no extinguida, seguía crucificando y coronando de espinas como en todo su anterior periplo, a todos aquellos que libremente pensaban de forma diferente a la impuesta a golpe de terror. Así pues, frente a la ignorancia, el error, la Intolerancia, el fanatismo y la superstición, el masón se presenta como el portador y portavoz de la razón y la sabiduría, la ilustración y el progreso en artes y ciencias, la tolerancia y la igualdad civil, la fraternidad y la beneficencia. En una palabra, en la virtud, piedra angular en la que reposaba su felicidad y la de la patria. Todo ello en torno a un rey ilustrado, alumno de la filosofía y protector de la luz, y de un emperador filósofo –el gran Napoleón- sobre el cual descansaba los designios de Europa. Vallamos a la búsqueda de nuevos masones por Extremadura, nuestro siguiente defensor de la verdad filosófica es natural de Alicante, aunque reside en Badajoz, su nombre es Simón Lafora de 26 años de edad, capitán agregado a los regimientos de Asturias y Galicia, y esto es lo que dice su expediente inquisitorial.
EL FISCAL DE LLERENA CONTRA DOMINGO ESCANDON POR FRANCMASON.
Tuvo principio por causa que el Inquisidor Rivero escribió al de Llerena noticiándole: que presidiendo la Junta Provincial que gobernaba aquel país durante la revolución, se formó causa y mandó prender a D. Domingo Escandón por delitos de Francmasón, dándose comisión para ello a D. Vicente Cavero, ministro de la Audiencia Territorial. Éste ministro le aprendió al dicho reo papeles, y entre ellos el titulo original de su masonería, cuyo expediente debe encontrarse en Badajoz en el oficio de Policía; lo que ponía en noticia del tribunal de Llerena para su inteligencia y gobierno.
Resulta de dicho expediente que por orden del capitán General de Extremadura, le estaba siguiendo causa al reo por el oidor de aquella audiencia D. Vicente García Cavero, a quién había remitido la junta de Villanueva de la Serena, en compañía de una mujer llamada Elena Terri, y que ambos estaban presos por las sospechas que caracterizan al reo de mal vasallo de la nación española y amante de la francesa. Esto lo acreditan ciertos papeles que se le han encontrado, siendo uno de ellos un titulo en pergamino escrito en idioma francés, cuya traducción se pone a continuación. -Domingo Escandón, natural de Cádiz en España, de 30 años de edad posee el tercer grado simbólico, y que su celo y la pureza de sus costumbres le han hecho amar a todos; cuyo certificado se le da, y para que no pueda servir a otro, se han hecho poner al margen ne varietur hecha en Cádiz el 18 del 10 de 1805. Que corresponde al 27 primario del año 14.- el sello que contiene el pergamino, tiene un rotulo que dice “Logia de los Hijos de Napoleón”.
En vista de su declaración y reconocimiento, la junta proveyó para que el reo, la mujer y el criado que iban en su compañía, así como sus efectos y papeles se remitiesen a la Suprema junta de Badajoz, como se verificó firmando el reo el inventario de todo.
Continuando ya en Badajoz, se volvió a reenviar declaración por el juez comisionado D. Vicente García Cavero, en la que reconoció por suya la que él dio ante la Junta de Villanueva de La Serena; y preguntado que clase de papel era el escrito en pergamino, y reconocido por él en dicha declaración dijo ser, una carta de hermandad, conferida a su favor, cuya hermandad ignora: se le puso de manifiesto, y reconoció por suya la firma que en ella se encuentra: se le pregunto que significaba la expresión de ne varietur; y dijo que por ella entiende que no ha de variar su firma, bajo de cuyo concepto puso la suya. Que dicha carta se la franqueó como tiempo de tres años, un francés de cuyo nombre y apellido no se acuerda, solo que estaba ocupado en la contaduría de un navío francés. El tal señor del navío era Francmasón, y decía que todos los que tenían esta cualidad, tenían buena moral, eran generosos y caritativos; y que con dicha carta presentándose en las asambleas de francmasones en los países extranjeros, se le auxiliaba sus necesidades; y dicho francés le entregó al mismo tiempo los papeles que ha reconocido.
Preguntado que entendía por francmasón, dijo que según le había explicado el francés, entendía ser unos hombres de buena moral, virtuosos y caritativos.
Preguntado si sabe que está prohibida en España la masonería, respondió que después de haberle recogido la justicia la dicha carta, entendió hallarse prohibida el traerla consigo. También se le acusa de haber leído el Diccionario Critico Burlesco, haciendo del mismo mil elogios, y que conocía al autor que era según él reo un hombre sabio. Se le recibió su confesión con cargos, en la cual se remitió en todo a lo respondido en la declaración indagatoria. El promotor fiscal pidió se practicase nueva confesión con nuevos cargos, pero habiendo ocurrido entre tanto en Badajoz una conmoción popular el 16 de diciembre de 1808, Domingo Escandón fue puesto en libertad, por lo que el fiscal de la causa proveyó auto en 9 de agosto del año 1809, ignorándose su paradero.
El fiscal de Llerena pidió y así se mando, que se sacase extracto y se pusiese en calificación, dictaminando de escandalosa, impías, blasfemas, fautoras del ateismo, y afirmaciones injuriosa al Santo Padre. De ser un francmasón temerario, escandaloso, ofensivo, cismático, codicioso, e injurioso. El fiscal del tribunal le puso la sentencia, diciendo que una vez que fuese habido, se le detenga y se lleve al tribunal del distrito en que se encuentre para seguir juicio.
La Inquisición no iba a dar tregua a los masones, su misión era destruir como ya lo venía haciendo desde hacia siglos, todas las ideas que fueran contrarias a la fe. Lo cierto es, que siempre hubo opositores a la Iglesia Católica por su forma de interpretar la Biblia, los eruditos no podían entender que en nombre de Dios se quemase en la hoguera precisamente a los hijos de Éste. Que se le quitasen sus haciendas, que se le hiciera sufrir de una forma cruel e inhumana para conseguir un objetivo claro y contundente, destruir la razón y con ello la verdad, y la libertad. La Inquisición tenía que crucificar y coronar de espina la cultura, los únicos libros viables y leíbles los suyos, el resto eran pervertidos, malvados y peligrosos a la religión y el Estado. Filosofía que había que abortar, porque esta encerraba el veneno de la doctrina que hablaba de libertad, independencia, igualdad, tolerancia, ideas que estaban inundando España con las perversas doctrinas que trastornaban el orden público, y la santidad de la única verdadera Religión Católica, Apostólica y Romana. Acerquémonos a conocer la historia de nuestro siguiente protagonista.
EL INQUISIDOR FISCAL CONTRA SIMÓN LAFORA RESIDENTE EN BADAJOZ.
Se supone que este reo a 12 de agosto de 1747, encontrándose en la ciudad de Valencia, y siendo de 22 años, se delató espontáneamente de haber entrado en la sociedad de los francmasones por el mes de abril de 1749, nombró en su declaración a muchos cómplices, y refirió varias ceremonias que había practicado. También éste reo tuvo problemas con la Inquisición en Santiago por sus correrías con la masonería por aquellas tierras gallegas, detestaba las imágenes de santos y no oía nunca misa. En una disputa con la mujer de un marqués sobre la secta de los francmasones, dijo Simón la Fora que no era una secta, ni se oponía a nuestra santa fe, sino que era como una confraternidad privada, que en ella se podía vivir alegremente en cualquier parte. Una vez que el regimiento del reo se asentó en Badajoz, pidió se remitiese al tribunal de Llerena, y en efecto se remitió con carta de 17 de dicho mes de 1800.
Se envió por este tribunal al familiar de Badajoz, el día 3 de diciembre afín de que con todo recato averiguase la vida de dicho reo en esta provincia extremeña, y que antes que se le juzgue por pertenecer alguna secta de los francmasones, se le oyese ahora de forma espontánea, estando dispuesto a detestarla, no deba gozar el reo a pesar de su arrepentimiento de indulto.
Como hemos podido comprobar en el desarrollo de este capitulo dedicado a los francmasones, la Iglesia intentaba por todos los medios acogotar las ideas de progreso y libertad de éstos personajes. Los masones en toda su historia pretendían buscar la fraternidad, mientras que los poderes reales y la Iglesia deseaban mantener dictaduras, sumisión, ignorancia y desigualdad. Desde el vaticano el Papa Clemente XII con su bula papal contra la masonería en 1738, donde pone de manifiesto la declaración de guerra contra esta filosofía, y empezar a crear una leyenda negra contra los masones como si éstos fueran el mismo demonio en la tierra, hasta los posteriores edictos de fe lanzados desde los pulpitos, para acrecentar la dicha leyenda y hacerla real, la imagen de los masones se torno abominable despreciable a los ojos del orbe católico. Históricamente, la masonería española se desarrollo y creció con un notable espíritu de clandestinidad, patrocinado, sin duda, por la necesidad y voluntad de sus miembros de asomarse al mundo con otros ojos y desde otras perspectivas-algo considerado como un grave delito a la luz de la visión totalitaria que ha gobernado Occidente hasta hace escasas décadas-; fue preciso, por tanto adoptar precauciones, señales secretas de identidad, camaraderías estrechas y conductas discretas. El 15 de Julio de 1834, la regente Maria Cristina abolió definitivamente el Tribunal de la Inquisición. Un decreto de la Regencia ordenaba que “todos los cuadros, pinturas o inscripciones en que están consignados los castigos y penas impuestos por la Inquisición, que existan en las iglesias, claustros y conventos, o en otro cualquier paraje público de la monarquía, serán borrados y quitados de los respectivos lugares en que se hallen colocados y destruidos en el perentorio termino de tres días contados desde que se reciba la notificación. Y extinguida definitivamente la Santa Inquisición”.
La defensa de la tolerancia como valor irrenunciable motivó, obviamente, que la Iglesia Católica, armada con su intolerante eslogan de (Fuera de la Iglesia no hay salvación), lleve unos 250 años atacando con todas sus fuerzas a los masones. La prueba más evidente de esta realidad la protagonizo el actual Papa, cuando aun siendo Cardenal Prefecto y con el apoyo de Juan Pablo II hizo la siguiente declaración.
DECLARACIÓN QUASITUM EST SOBRE LA MASONERÍA DE LA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE (1983)
Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el código anterior.
Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.
Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.
No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981 (cf. AAS 73, 1981, págs. 230-241; LA Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 8 de marzo de 1981, pág. 4).
El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al cardenal Prefecto abajo firmante, ha aprobado esta Declaración, decidida en la reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y ha mandado que se publique.
Roma, en la sede de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe, 26 de noviembre de 1983.
Cardenal Joseph RATZINGER
Prefecto
Espero que este trabajo sirva para reconocer las barbaridades monstruosas, que se han acometido a lo largo de la historia en nombre de Dios, todos los personajes de este trabajo sufrieron la infernal pesadilla la bestia vaticana. Judaizantes, moriscos, luteranos, francmasones, todos tenían una meta común, vivir tranquilamente su filosofía de vida. Pero las zarpas de la bestia iban a desgarrar y esquilmar, los cuerpos y almas de muchos ciudadanos españoles. Todos sabemos que la caspa, cuando se instala en nuestras cabezas, es difícil de erradicar, venimos de un pasado casposo y todos los herejes quedaron en el subconsciente colectivo como los depredadores lo idearon, como alimañas a destruir. Que este articulo sirva como homenaje, a todas las personas que se las tuvieron que ver frente a frente con los seguidores de Barrabas, y ala vez sea un canto al aire que haga mover en las más altas montañas del mundo las banderas de la tolerancia, la fraternidad, el respeto, la justicia, la igualdad, valores que van ceñidos y adheridos al más importante de todos la libertad de expresión y pensamiento.
Fuente: Blog de "Fermín Mayorga".
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